Ciudad Imaginada es una exhibición fotográfica que toma la ciudad como eje temático. Por definición, una ciudad es una entidad político-administrativo urbanizado y se refiere a un área con alta densidad poblacional en donde predomina más la actividad industrial y los servicios que la actividad agrícola.

Aunque para este proyecto preferimos referirnos más al concepto de ciudad en todas sus posibilidades de lectura, ese espacio vital que coexiste con nosotros y que es uno más entre nosotros, ese que se nos presenta como un ente vivo que respira y crece, se desarrolla y se reinventa a si mismo, como una obra de arte volviéndose parte de la historia o de las historias que se suceden en su interior.

La ciudad como conjunto arquitectónico y urbanístico, la vibrante actividad de millones de personas y sus interminables rutinas, las diferentes relaciones que el ciudadano establece con el espacio que lo contiene, la idea que él tiene de ese espacio y cómo le afecta o lo afecta, como lo asimila y como se percibe dentro de el. La relación de amor-odio que establecemos con el lugar en el que vivimos y trabajamos; la ciudad como escenario para la observación, la reflexión y la creación; la ciudad como un enorme recipiente, como un símbolo de pertenencia y de identidad, como un lugar para soñar, para habitar, para vivir, para morir, la ciudad como otra proyección material de nuestro propio yo, la ciudad que supone un paisaje en constante transformación, todo el exceso de las metrópolis contemporáneas, lo complejo de su diseño y su funcionamiento.

La ciudad como un todo o como los detalles que la conforman: sus calles y arterias, sus jardines, sus aceras, sus redes eléctricas, telefónicas, drenajes, el transporte público, los barrios, mercados, centros comerciales, iglesias y aparcamientos; las esquinas lustrosas donde se orinan los borrachos, los dilemas de la inseguridad, los espacios protegidos, el ocio y el esparcimiento, el verde del parque, la oficina con olor a pino, el banco recién pintado, una niña que cruza la calle, una mujer mayor que es asaltada a las 6 de la mañana en el microbús que la lleva a su trabajo, el indigente que muere durante la madrugada en los portales de una plaza, el niño que ve caricaturas en el televisor de la sala-comedor-cocina de su “casa”, ese proyecto habitacional llamado : “vivienda mínima”; las torres de cristal con elevadores, las antenas de celulares, los restaurantes de comida rápida, los pasos a desnivel, los puentes bajo los cuales corre tanto agua lluvia como basura, los vendedores ambulantes, los piratas, la catedral que vigila nuestras almas desde la plaza central, el centro histórico, los cafés , los bares, los burdeles, las zonas residenciales. Todo como en una maraña pasmosa, que mas que respirar, eructa seres humanos como gases tóxicos. Todo el progreso resumido en una mole de hierro, concreto y asfalto con monumentos que nos recuerdan que la historia es memoria y la memoria se duerme cuando la ciudad apaga la luz.
Siempre se puede tener una visión estética de las cosas, aunque ésta solo esté en la superficie, como la publicidad exterior.
Pareciera que hablamos de una ciudad como San Salvador, pero puede de cualquier ciudad, ciudades ideales, irreales, inventadas, ciudades imaginadas.

Como resultado de varias semanas de trabajo, diálogo, intercambios de ideas, opiniones, sugerencias y negociaciones, (meses en algunos casos), nos encontramos con este cuerpo de trabajo, un conjunto de imágenes que hablan sobre las distintas y muy variadas maneras de ver y entender la ciudad, intereses particulares, preocupaciones, etc. Una rica amalgama de perspectivas que van creando una definición en torno a un espacio que no para de mutarse.

Dalia Chévez por ejemplo intenta mostrarnos en horas de la madrugada, zonas destinadas para el esparcimiento público, que han sido “tomadas” por grupos de pandillas. Parques, rotondas, jardines, bancas, juegos mecánicos que en otro tiempo evocaron reuniones familiares de fin de semana, ahora convertidos en territorio de asaltos, venta de droga y domicilio de vagabundos. Sus tomas oscuras, iluminadas a penas con un pequeño flash nos crean sensaciones contradictorias de dramatismo y nostalgia, una atmósfera lúgubre, extraño paseo nocturno por la memoria.

El trabajo de Mauricio Esquivel consistió en la documentación de su entorno inmediato, fotografió la dinámica de su barrio ubicado en una de las zonas mas populosas de San Salvador, sus fotografías de edificios descuidados, pasillos sucios y corroídos, paredes manchadas, muros protegidos por alambres de púas, hablan de una dinámica de hacinamiento, de inseguridad, de abandono. Una sutil y pasmosa mimetización del espacio y los individuos que lo habitan, la influencia que ejercen, el uno sobre el otro. Es interesante la tensión que se genera entre la señora que asoma por la ventana, la ropa tendida, el niño que juega en el árbol, la anciana que se acerca lentamente, el tipo que aborda a la joven y el perro que los observa. Todo como ocurriendo al mismo tiempo y en el mismo espacio .“Los cuatro”, como él ha llamado a este proyecto, es en muchos sentidos un ejercicio sobre la territorialidad.

En LA MAISON DE MAîTRES o la Mansión Del Amo, de Javier Marcos, encontramos otro tipo de documento, el que intenta captar a través de la arquitectura, un momento de la historia de la ciudad, mas que un retrato estilístico, es el retrato de una época de bonanza económica, de una clase social y de una zona “bien” venida a menos, el deterioro da cuenta del abandono en que se encuentra hoy en día esta parte de la ciudad que otrora fue el eje de la crema y nata de la alta sociedad salvadoreña, estos grupos sociales como otros grupos predadores, se desplazan hacia otras zonas que ofrecen mejores condiciones climáticas, de seguridad y de explotación.

German Hernández habla en sus imágenes de una ciudad en la que las estadísticas de accidentes viales van siempre en aumento, en sus “paisajes viales” se percibe la velocidad y la temeridad con la que se conducen los salvadoreños, pareciera que estamos siempre corriendo, persiguiendo o huyendo de algo, revelan también una cierta fascinación por la velocidad, según relata el autor, una mezcla entre miedo, seguridad, control y responsabilidad, sensaciones que lo asaltan cuando esta frente al volante.

La propuesta de “Rutinas” en las fotografías de Adriana Martínez, muestra momentos comunes, espontáneos, una cotidianidad que a fuerza de ser ignorada se va cargando de una estética que solo la sensibilidad y la mirada de ciertas personas parecen percibir. Adriana, cámara en mano , temprano por las mañanas nos revela esa poesía, con imágenes de buena factura a las que añade una capa de azul que las vuelve mágicas, un “CARPE DIEM”, un día a día que recuerda una ciudad que aún no ha perdido su espíritu.

Claudia Olmedo, intentó captar el temor de “El centro” de San Salvador, se trata de fotografías disparadas desde el automóvil, se trata de fotografías de la señorita que no suele ir por esa área de la ciudad y que en medio del pánico que puede desprenderse de un lugar que no ofrece las mínimas condiciones de seguridad, actúa con rapidez y zozobra, lo que en un principio pretendía ser un registro de monumentos emblemáticos del centro histórico, se convirtió en un interesante retrato del miedo, por lo que el marco de la cabina del carro, el barrido y el fuera de foco pasan a ser elementos fundamentales de la composición.

“SALIDA DE EMERGENCIA” es un ejercicio muy agudo de Eduardo Chang, radicado ahora en la ciudad de San José, Costa Rica, nos comparte su experiencia del transporte publico en una ciudad claustrofóbica y lluviosa de la que todos quieren “salir”, según él la describe, los autobuses reproducen en su interior esa sensación que un espacio relativamente pequeño como San José produce en sus habitantes, el olor a humedad, la visión borrosa de las vidrieras y esa figurita estilizada que indica “claramente” las instrucciones de cómo abrir la ventana en caso de urgencia por salir de la unidad, parodian muy bien un “situación particular” que termina siendo una “escenario general” en la vida de los citadinos, ver a través de un cristal empañado desde un espacio minúsculo y encerrado hacia otro mas grande y abierto, es también una metáfora de un país que siempre ha tenido la mirada puesta en la imagen exterior, un esfuerzo de actualización o de encuentro con la contemporaneidad, quizá.

Las imágenes en Blanco Y negro de Antonino Henríquez, dan cuenta no solo de un refinado gusto por lo documental sino que, al igual que el trabajo de Adriana Martínez, de la belleza subyacente en lo cotidiano, la energía que existe a la vuelta de una esquina, frente a una avenida o en el tejado de un edificio atestado de palomas. El formato decididamente horizontal encaja muy bien con la idea de paisaje urbano, la textura y la atmósfera áspera son un atinado símil con el centro de una ciudad también áspera, detalles que todo el ha vivido la vibrante y cargada experiencia de “El Centro” reconocerá en este proyecto.

Las “Postales”, de Rodolfo Walsh recrean con humor las adaptaciones, ecos o simplemente copias de monumentos, símbolos o emblemas de países del “primer mundo”, en nuestros países. Un Manequin Piss y una un torre Eiffel siempre tendrán un copia “chusca” en algún rincón de algún lugar en este lado del mundo.

Elmer Romero es un fotógrafo que durante mucho tiempo ha estado cerca de temáticas que giran en torno a la migración, desde hace algunos años reside en Estados Unidos, lo que lo vincula con el drama del inmigrante, su ejercicio periodístico lo ha llevado a documentar la realidad que viven miles de inmigrantes en el norte tratando de integrarse y de ser parte de una ciudad que les resulta ajena pero que terminan asumiendo por encima de las diferencias.

Eleonora Salaverría nos propone centros comerciales como modelo de una ciudad contemporánea que esconde detrás del glamour y la sofisticación una realidad que convive simultáneamente, no todo son risas y consumo en los ambientes prístinos y escépticos de los “MALLS”, para que todo esa “escenografía” funcione alguien tiene que fregar el piso, alguien tiene que limpiar los vidrios y recoger la basura, esos individuos invisibles habitan en un espacio paralelo, una lucida metáfora de cómo funcionan las sociedades actuales.

“Red, White and Blue”, del artista salvadoreño Roni Mocan, radicado en NY, esta basado en uno de los comentarios del ex alcalde de esa ciudad, Rudy Giulliani, luego de los atentados del 9-11, cuando les dijo a los newyokinos que “fueran de compras, que gastaran su dinero”, el proyecto consiste en tres conjuntos de imágenes tomadas en Times Square, centro de la publicidad y del consumo, centro entonces de la cultura estadounidense y de su patriotismo comercial, en ellas busca aislar alguno de los tres colores de la bandera norteamericana a través de encuadres o acercamientos, las imágenes son agrupadas por color concluyendo en tres conjuntos, rojo, blanco y azul.

Ronald Morán, está interesado en explorar a través de retratos callejeros, esos personajes extraños que sorprenden a los ciudadanos que circulan por la zona norte de San Salvador, demandandoles una “colaboración económica” a cambio de servicios ficticios, un payaso que no realiza acto alguno, una joven madre que utiliza a sus hijas como carnada, y un representante de un cuerpo de socorro inexistente, esto como producto de una ciudad que no ofrece muchas alternativas a una población en frenética y desordenada expansión.

“LANDSCHAFT” de Walter Iraheta, pieza que pertenece a una serie que lleva el mismo nombre, es un trabajo que tiene mucho que ver con la contemplación del paisaje, la obsesión de fotografiarlo por varios días y a distintas horas, centrándose en un elemento que aparece de forma dominante en la composición, su verticalidad irrumpe en el paisaje con reminiscencias totémicas, fálicas. Tiene que ver por supuesto , con el nuevo paisaje, con la industria, con la tecnología, la comunicación y la soledad de las sociedades actuales, en definitiva, con una nueva forma de ver el paisaje.

óWalterio Iraheta
Independent Curator, San Salvador, El Salvador